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Ayuda psicologica

Intervencion en crisis de descompensacion

By: | Tags: , , | Comments: 0 | mayo 24th, 2017

Muchas de las preguntas más frecuentes que recibimos los profesionales que trabajamos en salud mental se refieren a la forma de comportarse ante un paciente descompensado, en los momentos de crisis. Sin entrar en consideraciones de tipo diagnóstico ni de abordaje específico de los diferentes trastornos, algo que por su amplitud y complejidad resultaría demasiado extenso para abordarlo en este breve artículo, sí hay ciertas consideraciones genéricas que creo pueden resultar interesantes para todos.

Existen dos características principales por las que siempre nos preguntan cuando es preciso atender a un paciente de salud mental:

La primera consiste en la falta de conciencia de enfermedad . Es decir, mientras en otras patologías (cuando alguien se rompe una pierna, cuando sufre un infarto) es el propio paciente quien proclama su malestar y solicita atención lo más rapidamente posible, en nuestra patología muchas veces son los demás los que consideran que el paciente se encuentra mal, mientras que el propio paciente no es consciente de ninguna alteración y vive los intentos de ayudarle como un ataque a su libertad.

La segunda corresponde a un hecho infrecuente, pero que se ha instalado en el imaginario colectivo y que describe siempre a los pacientes de salud mental como a personas agresivas y con tendencia a la violencia.

Aunque  estos dos rasgos se atribuyen siempre a los pacientes psiquiátricos, no es cierto que sean ni exclusivos (muchísimos familiares de todo tipo de pacientes podrían contar su dificultad para que acudan a las urgencias o al hospital cuando se encuentran mal, los numerosos pacientes ingresados en cardiología, Medicina Interna, incluso UVI… que solicitan alta voluntaria en contra de la opinión de sus médicos) ni que los pacientes sean más violentos que la población general. La leyenda negra del paciente psiquiátrico como una persona violenta esconde la realidad de una persona que simplemente sufre por su situación y que busca ayuda para aliviar sus sufrimientos.

Sin embargo es necesario reconocer que los momentos de descompensación aguda de un trastorno mental pueden suponer un desafío y requieren un manejo cuidadoso por parte de las personas (familiares o profesionales) que desean ayudar al paciente.

 En primer lugar, es preciso adoptar una actitud de interés y sinceridad. Es preciso recordar que aunque sean personas enfermas los pacientes no son tontos. Intentar mentir o “convencer” al paciente con mentiras es una actitud que sólo puede provocar en el paciente inseguridad y desconfianza hacia la persona con la que está hablando.

Debemos explicár el motivo por el que estamos allí, que es lo que nos preocupa, para después pedirle que nos cuente lo que pasa. Ante todo debemos mantener una actitud tranquilizadora encaminada a absorber el temor y la ansiedad del enfermo y mantener también una actitud firme y segura expresando lo que queremos de un modo directo, claro y lo más honesto posible, además de mostrar respeto hacia nuestro paciente y no dañar su autoestima. Esta actitud firme y segura sirve tanto para marcar límites a la conducta anormal del paciente, como para darle referencia externa de seguridad y de orden cuando él sólo no puede conseguirla.

Para conseguir un abordaje de este tipo hay varias estrategias que nos resultarán útiles para conseguir una comunicación fructífera con el paciente:

Escuchar:

El paciente, por lo general, necesita hablar de su problema. Debe expresar sus emociones.

Mostrar interés en lo que dice.

Utilizaremos preguntas cortas y lo más sencillas posibles.

Evitar acusaciones, amenazas y/o exigencias así como los mensajes «tu«: No cortar la conversación ni poner etiquetas, ni generalizar («siempre») no dar consejos prematuros o no pedidos.

Tranquilizar:

Debemos hacer sentir al paciente que dispondrá de ayuda.

Intentamos protegerle frente a su enfermedad.

Actitud calmada: No realizar juicios de valor, sino transmitir el optimismo de que todo se arreglará o, al menos, mejorará.

No gritar.

Hablar pausadamente.

No mostrar cólera ni amenazar. No adoptar una postura intimidante.

Respecto al lenguaje no verbal, hay que tener cuidado con las manos y no movilizarlas en actitud amenazante, respetar el círculo de seguridad del paciente, no hacer movimientos rígidos, rápidos ni bruscos, y mantener con el cuerpo, el tono de la voz y la conversación un ritmo relajante.

Evitar que se sienta atrapado, acorralado y/o humillado.

Establecer lazos de empatía, reforzando así la preocupación por su bienestar.

Utilizaremos frases del tipo:  “ Comprendo que puedas estar nervioso ”

Plantear acciones

Identificarnos con un objetivo: ayudarle.

El paciente debe percibir nuestro interés.

Reforzar el sentido de la realidad del paciente.

Responder  a sus preguntas y analizar  las opciones disponibles, argumentando lo que podemos o no podemos ofrecerle.

Hablar con claridad sin emplear palabras técnicas. Se debe escoger a ser posible, el mejor momento y lugar para la conversación, escuchar activamente, hacer preguntas abiertas y específicas, pedir peticiones de parecer «que le parece que podríamos hacer» «me gustaría saber su opinión sobre…” declaraciones de deseos con mensajes «yo”…

Aceptar críticas y porqué no, usar el sentido del humor cuando creamos que el paciente lo aceptará.

Si el paciente se muestra agitado y ante una actitud verbalmente hostil, nos encontraremos con varias fases o estados.

Fase Racional: La mayor parte de los pacientes suelen ser razonables, manteniendo un nivel emocional adecuado para discutir cualquier problema.

Fase de Disparo o Salida: Ocurre cuando se acumulan las irritaciones o enfados y un incidente imprevisto hace su aparición disparándose emociones y sentimientos. Cualquier intento por hacer entrar en razón a la persona es ese momento suele fracasar, lo mejor es escuchar.

Fase de enlentecimiento: Si no hay provocaciones ulteriores, la reacción de hostilidad acaba por no tener más energía y comienza a venirse abajo.

Fase de Afrontamiento: En este momento, la persona que ha estado escuchando al paciente puede intervenir y decir algo. Decir algo empatizador reconociendo el estado emocional puede contribuir a que éste se extinga y aparezca una fase de calma.

Fase de Enfriamiento: Si se ha dicho algo empatizante, la persona se enfriará y llegará a calmarse.

Fase de Solución: La persona retorna al nivel racional del que salió. Es el momento adecuado para afrontar el problema.

En resumen, para afrontar cualquier hostilidad, hay que intentar:

Escuchar.

Empatizar.

Preparar la situación.

Expresar sentimientos.

Emplear mensajes “yo”  o “nosotros” y no recriminaciones “Tu” (“tu tienes que… es por tu culpa que…) .

Los primeros reducen la hostilidad, los dos últimos pretenden hacer ver al paciente el daño que puede producir su hostilidad en las relaciones interpersonales.

 

Si necesita mas información, no dude en ponerse en contacto con nuestro Psiquiatra el Dr. Ybarzabal Mesa.

 

 

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